Iniciamos este 2026 con una certeza innegable: Chile sigue consolidándose como uno de los países con mayor penetración digital del mundo. Tras cerrar un 2025 donde la conectividad llegó al 94.5% de la población, nos encontramos en un escenario donde estar “desconectado” es prácticamente imposible. Sin embargo, detrás de la velocidad de nuestra fibra óptica —una de las más rápidas del planeta— y la explosión del 5G (que creció un 73% el año pasado), emergen tensiones que definen nuestra convivencia actual.
Un 2025 de récords y contrastes
El año que acabamos de dejar nos entregó una radiografía clara de nuestros hábitos. Por un lado, somos consumidores intensivos: los chilenos pasaron un promedio de 45 horas mensuales en TikTok, posicionándola como la plataforma reina del tráfico de datos. Por otro lado, el 2025 también mostró una señal de alerta: aunque estamos más conectados que nunca (18.8 millones de usuarios), el uso de redes sociales tradicionales experimentó leves caídas en algunos segmentos, reflejando quizás un agotamiento digital o una búsqueda de plataformas más cerradas y seguras.
La crisis de la confianza
Aquí reside el gran desafío para este 2026. Según los últimos reportes de comportamiento digital, solo el 29% de los usuarios chilenos declara confiar plenamente en el contenido que consume en línea. Esta “brecha de confianza” es el caldo de cultivo ideal para lo que estamos viendo en este inicio de año: campañas de desinformación más sofisticadas y un aumento del 9% en los ciberataques en apenas el primer mes de 2026.
Ya no se trata solo de que nos roben una contraseña; se trata de la integridad de lo que vemos y compartimos. La llegada de la IA generativa a gran escala durante el año pasado ha hecho que distinguir entre una interacción humana y una automatizada sea cada vez más difícil.
El retorno a clases y la ciberseguridad
En este marzo de 2026, el regreso a clases nos recuerda que la vulnerabilidad no es solo técnica. Los datos del 2025 indicaron que 1 de cada 2 adolescentes en Chile ha vivido alguna experiencia de ciberacoso. Con niños obteniendo su primer smartphone a los 10 años en promedio, la responsabilidad de las instituciones y las familias ya no es solo proveer acceso, sino enseñar resiliencia digital.
¿Hacia dónde vamos?
El 2026 no será solo el año de las velocidades de vértigo. Debería ser el año de la Ley Marco de Ciberseguridad en plena marcha y de una alfabetización digital que vaya más allá de saber usar una app.
La pregunta para este año no es cuántos megas tenemos en casa, sino cuánta conciencia tenemos al hacer clic. Chile tiene la infraestructura; ahora el reto es construir la cultura digital que esté a la altura de esa tecnología. Porque en un país donde casi todos estamos conectados, la seguridad de uno es, literalmente, la seguridad de todos.



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